Hace casi un siglo, Joaquín Sorolla empezó a recorrer España para captar sus “visiones”, un encargo del hispanista americano Archer Huntington para decorar una de las salas de la Hispanic Society de Nueva York que debía mostrar la realidad española de los primeros años del diglo XX. En ese viaje, que duró siete años, un Sorolla maduro, feliz y capaz de reflejar como nadie la luz del Mediterráneo, descubrió en el resto de España la radiante claridad de los días otoñales, la luminosidad tamizada por el avance del año hacia el invierno, el brillo primaveral y el color del calor en los días de verano. Lo captó todo y todo lo dejó plasmado en los catorce lienzos enormes, brillantes y luminosos, de la Visión de España, una exposición que se exhibirá hasta el 31 de marzo en el Centro Cultural Bancaja de Valencia. Es el último trabajo del maestro valenciano, una obra con una luz tan cálida y poética que no acepta una mirada presurosa















