
Las lluvias, por fin, nos han abandonado, las cimas de las montañas se ven limpias de nubes y el sol vuelve a iluminar la fascinante bahía de Altea. Es el día ideal para inaugurar el grupo senderista del hotel Belroy subiendo desde Altea la Vieja a las ruinas del Fort de Bernia
Nos acercamos con el coche hasta Alhama Spring, (extraña conjunción de nombres) una de las múltiples urbanizaciones que jalonan las laderas de la Sierra de Bernia y que contrastan con el verde paisaje de las laderas de la sierra cubiertas de pinos.
Son las 08:30 de la mañana y el día promete; empezamos el recorrido por la pista forestal que lleva al depósito de agua desde donde parte la senda de Les Revoltes. El antiguo camino de herradura, ha sido acondicionado recientemente recuperando su trazado original. Estupenda decisión por parte de los ayuntamientos de la Marina Baixa de recuperar y marcar los antiguos caminos y sendas, ya que muchos se están perdiendo al abandonarse las antiguas terrazas de cultivo y desaparecer la ganadería ovina y caprina.
Tenemos la vista puesta en el sinuoso trazado del camino y aprovechamos los distintos giros para observar como, en la distancia, las urbanizaciones se van difuminando con el verdor de los pinos y la bahía de Altea se muestra en todo su esplendor. El sol comienza a calentar y la subida no da cuartelillo por lo que empezamos a liberarnos de ropa para subir fresquitos.

Saliendo del barranco y con la vista perdida en la silueta de las crestas de Bernia llegamos al área recreativa de la Font del Runar, hasta aquí podíamos haber subido con el coche pero no habríamos disfrutado con el camino de Les Revoltes. Impensable.
Atravesando los bancales abandonados alcanzamos la font del Runar. Protegido por una puerta verde se encuentra el manantial donde las gotas de agua van surgiendo desde el interior de la montaña, atravesando la piedra y deslizándose suavemente por el musgo caen dentro de la pequeña poza que sirve de receptáculo del líquido elemento. Aprovechamos para deshacernos de nuestra agua súper clorada, rellenar las botellas con agua limpia y clara, y echarnos un buen trago al coleto.
Por un senda perfectamente marcada y recientemente acondicionada vamos vislumbrando el Fort y hacia él nos dirijimos por un terreno llano y limpio. Poco antes de llegar dejamos a la izquierda el acceso a la font del fort y accedemos a las ruinas.
Se construyó en 1562 por orden de Felipe II. Su fin era prevenir las revueltas de los moriscos y los ataques de los piratas berberiscos. En 1609 fue tomado por los sublevados moriscos que prefirieron suicidarse a la rendición. Y en 1612 se dio la orden de desmantelarlo. Hoy podemos ver parte de sus murallas, las bóvedas, fosos y torreones de defensa.
El Fort es un punto clave de la ruta circular a la Sierra de Bernia a donde muchas personas acceden, es un paseo, aunque no realicen la ruta entera. Tenemos la suerte de encontrarnos solos y hay que aprovechar el momento, nos sentamos encima de los arcos ruinosos y dejamos que las vistas nos rodeen hasta sentirnos parte del paisaje.
Después de este ratito de tranquilidad en el que nadie habla es hora de atacar a los bocatas, dando buena cuenta de ellos.
La vuelta es mucho más rápida ya que es un descenso continuo. Han sido 4 horas de caminata en las que hemos disfrutado de este estupendo día. Volvemos al hotel Belroy a comer. Si que da hambre esto de andar. Sí.
















